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Museo Etnográfico de Ripoll

Alcoba

El dormitorio se transmitía de generación en generación. En la misma cama se nacía, se pasaba la noche de bodas, se engendraba a la descendencia, se enfermaba y se moría. Y así, de padres a hijos, aquella habitación era testigo de las intimidades más profundas de un linaje. Sólo la muerte, el paso por excelencia, abría las puertas a los parientes y a los vecinos que venían a ayudar y a dar el pésame, cumpliendo el deber de guiar al difunto por el camino del bienestar definitivo, donde debería alcanzar la condición de antepasado que debe proteger a los suyos.

Con los años, las personas comenzaron a nacer en clínicas, a pasar la noche de bodas en un hotel, a ir al hospital cuando enfermaban y a morir en una residencia geriátrica.

La cámara-alcoba, aquel espacio de confidencias atávicas con el mundo y el más allá, pasaría a ser una estancia más del hogar. Su menaje sería la víctima de conceptos modernos como la moda y la condición efímera de los objetos y de las relaciones humanas.

En la alcoba que se muestra en el Museo Etnográfico de Ripoll, destaca la cama barroca de estilo olotino, decorada con la imagen de la Sagrada Familia en el cabecero y procedente del Mas la Serra del Boix de Ripoll.

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