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Museo Etnográfico de Ripoll

Lana y cáñamo

<p>Sala de la lana y el c&aacute;&ntilde;amo</p>

Sala de la lana y el cáñamo

Las casas de payés reservaban un pequeño trozo de tierra que tenían un cuidado especial; esta parte especialmente bien cultivada era el cañamar. Pero las atenciones no acababan con el cultivo. Una vez arrancada la planta, se la sometía a una serie de procesos que recogían la experiencia de generaciones: se amaraba, se ponía a secar, se rompía, y se hilaba y se tejía, utilizando herramientas como los cascadores, los agramadores, las espadillas y el peine. De todas las operaciones que se llevaban a cabo, también resultó un vocabulario tan específico como el de las herramientas, con palabras como cañamizas, espadar, lino, borra, agramar, cerro, copo, etc.

En la época de los fundadores del museo, la elaboración de ropa con cáñamo ya había caído en desuso. Formaba parte de un mundo obsoleto, de las tareas propias de un campesinado atávico que se encontraba en vías de desaparición. Y, con esta, también se acababan el cultivo del cáñamo, las herramientas para trabajarlo, las técnicas de manipulación y el vocabulario relacionado.

Toda una huella de conocimiento ancestral que conseguía transformar una planta en sábanas, cubrecamas, manteles, camisas, calcetines, sacos y trapos.

 

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