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Museo de las Tierras del Ebro

El comercio

<p>Los objetos ornamentales y las piezas cer&aacute;micas representan esta &eacute;poca.</p>

Los objetos ornamentales y las piezas cerámicas representan esta época.

En este espacio podemos hacer un seguimiento de las relaciones comerciales que las Terres de l'Ebre mantuvo con los otros pueblos mediterráneos a lo largo de unos 500 años, entre el siglo VI a. C. y el siglo II a. C. Este próspero comercio está representado principalmente por piezas cerámicas, ya sean recipientes o piezas de vajilla, y por objetos ornamentales. Las piezas han sido localizadas en los diferentes yacimientos de las Terres de l'Ebre, y aquí se han ubicado en su lugar de origen sobre un plano del Mediterráneo.

En aquella época los barcos no se aventuraban a salir a mar abierto, y la navegación de cabotaje, junto a la costa, implicaba que, además de las grandes cargas, las naves se completaban con pequeñas mercancías (ungüentos perfumados, collares, etc.) de los diferentes puertos en los que hacían escala, motivo por el cual encontramos ungüentarios fenicios y corintios o amuletos egipcios.

Las relaciones comerciales representaron un fuerte impacto para el mundo local, ya que cambiaron la estructura económica y social de los grupos. El vino era el producto de intercambio de los agentes fenicios, y a cambio obtenían materias primas, metales, telas y probablemente esclavos. Así pues, encontramos recipientes anfóricos y grandes vasijas, pero también las primeras piezas de vajilla relacionadas con el consumo de dicho vino en banquetes y ceremonias. En el siglo V a. C., los contactos con los diferentes pueblos griegos favorecerán la importación de vajillas de lujo hechas de cerámica ática para el consumo del vino, que adoptarán mayoritariamente las élites, como signo de distinción. Posteriormente, y hasta el siglo III a. C., seguiremos encontrando vajillas de lujo procedentes de diferentes talleres, así como cerámica ibérica elaborada con torno procedente de otros puntos de la península. Una vez superada la II guerra púnica (218 - 206 a. C.), no se interrumpió el comercio mediterráneo, como demuestra la llegada de cerámica itálica; pero tampoco el comercio local, como indican las vasijas pintadas de la zona levantina y las cerámicas grises de la costa catalana.

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