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Museo de las Tierras del Ebro

Del río camino al río cautivo

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Las atarazanas y la pesca fluvial en el río Ebro, dos actividades desaparecidas.

La exposición permanente muestra cómo el Ebro ha sido siempre el paso natural a lo largo de un valle estrecho y encajonado en desfiladeros: un camino de agua, una vía de difusión comercial y cultural. Entre vapores, muletas, pontones, chalanas y otros modelos, la embarcación fluvial más característica ha sido el laúd. Con una eslora de entre doce y veinte metros y poco calado, cargaba hasta treinta toneladas de todo tipo de mercancías: trigo, lana, carbón, cerámica o aceite, río abajo; sal, arroz o naranjas, río arriba.

Este comercio inmemorial sufrió un descenso en la época contemporánea, por el estancamiento económico del territorio o por la aparición de nuevos medios de transporte, entre otras causas. Todo terminó cuando ENHER compró algunos de los últimos laúdes y en 1967 frenó el río con el pantano de Riba-roja; entonces se extinguió definitivamente la navegación tradicional.

El riego ha sido una ambición permanente de los campesinos de estas tierras, situadas en la Cataluña seca. Los proyectos de riego son abundantes durante los siglos XVIII y XIX. El 1857, el Canal de la Derecha, y el 1912, el Canal de la Izquierda, hacen posible la colonización de la gran llanura deltaica.

El aprovechamiento de la fuerza hidráulica para obtener energía se ha impuesto a los aprovechamientos tradicionales y, en el siglo XX, ha sido la electricidad el agente que ha encabezado la transformación e industrialización.

El río industrializado se ha convertido en un río cautivo, por los embalses y las recientes concesiones hidráulicas, vinculadas a las centrales nucleares y a los transvases.

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